En el contexto ecuatoriano, muchas PyMES cuentan con una idea de negocio valorada por sus clientes; sin embargo, su modelo de gestión carece de una estructura que les permita escalar sin experimentar caos. Aunque en el corto plazo puedan cumplir con los indicadores de rentabilidad, la debilidad de sus procesos administrativos puede derivar en resultados indeseables a futuro. Por ello, para que un negocio deje de ser una serie de esfuerzos aislados y se convierta en un sistema sostenido de generación de valor, resulta indispensable consolidar tres pilares estratégicos: la gestión de proyectos, procesos y riesgos.
A partir de lo anterior, es posible que, aun contando con un plan estratégico sólido, los resultados de tu PyME requieran mejoras. En efecto, aunque ya se conozca “qué hacer”, es necesario perfeccionar el “cómo hacerlo”, comprendiendo la gestión de proyectos como un puente entre el presente y el futuro deseado. En este sentido, ¿por dónde conviene empezar? Por la profesionalización del equipo, de modo que comprenda marcos de trabajo estandarizados, como los del PMI. Así, los objetivos dejan de ser aspiraciones generales y se convierten en entregables concretos, lo que optimiza el uso de cada dólar y cada minuto invertidos.
De manera complementaria, la gestión por procesos permite que la operación funcione sin que el dueño de la PyME deba supervisarla de manera intensiva. En un mercado altamente competitivo, la rentabilidad suele erosionarse por desperdicios de tiempo y de recursos. Por consiguiente, al adoptar un modelo de gestión Lean se incrementa la fluidez de las actividades que agregan valor. No obstante, este enfoque requiere integrarse con un sistema de gestión de calidad (SGC), basado en estándares internacionales como ISO 9001, a fin de transformar la informalidad en predictibilidad. Entonces, automatizar y estandarizar otorgan al negocio la capacidad de crecer replicando de manera consistente el valor que el cliente espera.
Por otro lado, el riesgo (entendido como la posibilidad de que una amenaza afecte los objetivos del negocio( debe gestionarse, en lugar de ignorarse. En la práctica, muchas PyMES confunden la gestión de riesgos con proyecciones estadísticas complejas que terminan en una “parálisis por análisis”. Frente a ello, la alternativa es la integración: el riesgo al manifestarse en cada proyecto y en cada proceso, debería abordarse como un ciclo interrelacionado. En particular, al adoptar un enfoque basado en marcos como ISO 31000, la incertidumbre se gestiona de manera transversal. De este modo, quien conoce sus riesgos está en mejores condiciones de tomar decisiones oportunas.
En definitiva, una PyME que adopta el pensamiento Lean y estructuras sólidas para la gestión de proyectos, procesos y riesgos incrementa su probabilidad de supervivencia. Además, fortalece su capacidad para competir y consolidarse en su nicho. Por esta razón, los directivos deberían invertir de manera continua tiempo y recursos en la implementación de los enfoques mencionados en este artículo. Si deseas implementar estas prácticas en tu organización, en Tridamons & Co. contamos con el conocimiento y la experiencia para acompañarte según tus necesidades actuales.